Elizabeth Avila ..
Tengo algunos años cuestionándome la imagen que se tiene de quienes están en el servicio público, con sinceridad me auto cuestioné cuando yo estuve en él, era obvio el desprecio o la idea predominante de desprecio, de encono y de hartazgo que muchas personas sienten por quienes están en cualquier área de gobierno, sin importarnos si lo hacen bien o mal, si son empleados o dirigentes, es tanto el desagrado que no distinguimos, no podemos “estás en gobierno” eres de lo peor (en serio ni siquiera entendemos que es “gobierno”). Y es que por mercenarismo social o político algunas personas realmente actores y jugadores de ese ajedrez se han encargado de desprestigiarlo. En la guerra y en el poder todo se vale parece ser la premisa recurrente que nos ha llevado a destruir el prestigio que en algún tiempo tuvo la política. Muchos filó politólogos de “House of cards”, si hasta citan a su estelar como si fuera un politólogo y no un personaje de ficción política. Sin embargo, creo que los estrategas de los cuartos de guerra no entendieron nunca los límites, y en el lodo todo mundo empezó a chanclear.
Voy a utilizar un chiste popular muy difundido para explicar este fenómeno de hartazgo y descomposición de la política:
Se cuenta que un día, un florista fue al peluquero a cortarse el pelo. Luego del corte pidió la cuenta y el peluquero le contestó: – No puedo aceptar dinero. Esta semana estoy haciendo servicio comunitario. El florista quedó agradecido y dejó el negocio. Cuando el peluquero fue a abrir el negocio, a la mañana siguiente, había una nota de agradecimiento y una docena de rosas en la puerta. Luego entró un panadero para cortarse el pelo, y cuando fue a pagar, el peluquero respondió: – No puedo aceptar dinero. Esta semana estoy haciendo servicio comunitario. El panadero se puso contento y se fue. A la mañana siguiente cuando el peluquero volvió, había una nota de agradecimiento y una docena de donas y bizcochos esperándolo en la puerta. Entonces un senador fue a cortarse el pelo y cuando fue a pagar el peluquero nuevamente dijo: – No puedo aceptar dinero. Esta semana estoy haciendo servicio comunitario. El senador contento se alejó. Al día siguiente cuando el peluquero fue a abrir el local, había una docena de senadores, 10 diputados, 15 regidores, el alcalde con sus secretarios, la esposa del alcalde y 6 hijos, haciendo cola para cortarse gratis.
Esta enseñanza popular nos da una muestra chusca para diferenciar de una ciudadanía honesta y agradecida, aparentemente alejada de los antivalores que imperan actualmente de la clase en el poder, así se sienten la sociedad: agraviada, no identificada y hace mofa de la voracidad de una clase política a la que dibuja miserable y ofensiva para la ciudadanía, la historia sigue intentando concientizar al señalar;
El ladrón vulgar te roba: El dinero, el reloj, la cadena, el coche, el móvil y cualquier bagatela más.
El Político te roba: La salud, la vivienda, la educación, la pensión, la recreación, el trabajo y hasta la conciencia.
El primer ladrón te elige… ¡A TI!
Al segundo ladrón… ¡LO ELIGES TÚ!
Pandora: ¿En serio la clase política cree que medrar con el dolor ajeno en caso de desastres, como el sismo que vivimos recientemente, les puede ayudar a tener puntos en el 2018? ¿No hay cabida en nadie de una ética social? ¿Todo se vuelve un botín? ¿está es la clase política que nos merecemos? Creo que a todas mis preguntas la respuesta será SIP.
Nos leemos en la próxima.




















