Marco Antonio Lizárraga….
“El hombre es el único animal con capacidad de observarse a sí mismo y que ha sido dotado de la dolorosa capacidad de haber querido siempre saber el porqué”, Nadine Gordimer (1923-2014) Escritora sudafricana
Sin pelos en la lengua
ESTABLE
Hay una historia política que comienza a tomar forma en Culiacán y que merece analizarse sin apasionamientos. Ana Miriam Ramos Villarreal llegó a la presidencia municipal en circunstancias que difícilmente habría imaginado meses atrás.
La separación temporal de Juan de Dios Gámez Mendívil abrió un escenario de incertidumbre institucional, acompañado de especulaciones sobre posibles fracturas, cambios en el gabinete y dificultades para mantener el funcionamiento del Ayuntamiento.
Sin embargo, transcurridos seis meses, la administración municipal ha conservado su estructura operativa y la alcaldesa ha logrado conducir una transición sin una ruptura administrativa de grandes proporciones.
Lo interesante es que Ana Miriam no llegó a construir un gobierno desde cero.
Su paso por la Dirección de Recursos Humanos y posteriormente por la Sindicatura de Procuración le permitió conocer el funcionamiento interno del Ayuntamiento, sus trabajadores y los mecanismos de supervisión administrativa.
Esa experiencia ayuda a explicar por qué su llegada no estuvo acompañada de una reorganización profunda del equipo municipal.
En una entrevista reciente, la propia alcaldesa reconoció que optó por mantener la continuidad de los programas y el trabajo institucional, antes que emprender cambios drásticos para marcar distancia de su antecesor.
Y aquí aparece una primera lectura política. En una ciudad donde las condiciones de seguridad y las dificultades económicas han impuesto enormes desafíos, mantener funcionando el gobierno municipal representa una responsabilidad que no debe confundirse con la solución de todos los problemas.
La continuidad de los servicios, la ejecución de obras, la atención ciudadana y la coordinación entre dependencias son elementos que permiten observar estabilidad administrativa. Eso no significa que Culiacán haya recuperado la normalidad ni que sus habitantes hayan dejado atrás las preocupaciones cotidianas. Significa que, pese a un relevo inesperado, la institución municipal ha continuado operando.
Hay también un aspecto relacionado con su manera de ejercer el cargo. Ana Miriam ha privilegiado una presencia institucional en colonias y sindicaturas, así como el diálogo con ciudadanos y servidores públicos.
No ha necesitado construir un discurso de confrontación permanente para explicar su papel dentro del Ayuntamiento. Esa actitud puede interpretarse como una forma de preservar la continuidad política de una administración que enfrenta presiones externas e internas.
Pero también plantea una pregunta: ¿hasta dónde la estabilidad depende de mantener los equilibrios existentes y en qué momento será necesario tomar decisiones que definan una conducción propia?
Otro elemento que merece atención es la relación con el Cabildo. La alcaldesa ha mantenido una línea de colaboración institucional, pero el vencimiento de la licencia de Juan de Dios Gámez, el pasado 31 de octubre, abre una nueva discusión jurídica. La regidora priista Érika Sánchez ha solicitado que se defina formalmente la situación de la presidencia municipal.
Este planteamiento no debe confundirse necesariamente con una crisis de gobernabilidad, aunque sí exige una respuesta clara de las autoridades competentes. La estabilidad administrativa y la certeza jurídica son asuntos distintos, pero igualmente necesarios.
En política, las transiciones inesperadas suelen convertirse en escenarios de disputa por espacios, decisiones y protagonismos.
En Culiacán, lo que hasta ahora puede observarse es una administración que ha mantenido su funcionamiento sin que el relevo derivara en una confrontación institucional abierta.
No sería riguroso atribuir intenciones a quienes cuestionaron su llegada ni afirmar que todos esperaban dificultades. Lo que sí resulta válido es contrastar aquellas expectativas de incertidumbre con la continuidad que ha mostrado el Ayuntamiento durante estos meses.
Ana Miriam Ramos tiene todavía desafíos importantes. La seguridad sigue siendo una preocupación central, los servicios públicos requieren atención permanente y la situación jurídica de la alcaldía demanda definiciones.
Pero su experiencia también permite recuperar una reflexión poco frecuente en la conversación política: gobernar no siempre consiste en protagonizar grandes anuncios o imponer una nueva estructura de poder. En ocasiones, la responsabilidad más inmediata es impedir que una circunstancia extraordinaria paralice a las instituciones.
Y quizá ahí esté lo verdaderamente interesante de lo ocurrido en Culiacán. Ana Miriam llegó en medio de una situación que no eligió, asumió una responsabilidad que no estaba prevista en su trayectoria inmediata y ha mantenido la conducción cotidiana del municipio.
Falta conocer cómo se resolverá la nueva etapa institucional y qué decisiones marcarán el resto de su gestión.
Porque la estabilidad de un gobierno no se mide por la ausencia de adversidades, sino por su capacidad para enfrentarlas sin que las instituciones dejen de cumplir sus responsabilidades.
Y esa es, precisamente, la conversación que hoy merece abrirse alrededor de Ana Miriam Ramos Villarreal.
CAMBIO DE RIELES
La discusión que abrimos sobre el aparente trato diferenciado del PRI sinaloense hacia sus aspirantes a la gubernatura de 2027 tuvo respuesta. Y vino directamente de la senadora Paloma Sánchez Ramos, quien rechazó que exista una falta de piso parejo dentro del partido.
Su explicación introduce un elemento interesante en la conversación: el respaldo político no solamente se recibe, también se busca, se trabaja y se construye mediante la relación permanente con las estructuras partidistas.
Paloma sostiene que, si su presencia parece más visible en las actividades del PRI, es porque procura involucrar al partido en cada gira, reunión y encuentro que realiza. No espera que la dirigencia llegue por iniciativa propia, sino que mantiene comunicación y busca sumar a sus integrantes.
Bajo esa lógica, considera que Mario Zamora Gastélum también puede acercarse a las estructuras priistas y solicitar su acompañamiento. Dicho de otra manera, para la senadora no se trata de que el partido tenga una preferencia definida, sino de la iniciativa que cada aspirante demuestra para construir sus propios respaldos.
La respuesta tiene una lectura de fondo. Paloma Sánchez plantea que primero deben construirse los acuerdos, reunir voluntades y fortalecer las relaciones políticas antes de dar por hecho que existe una candidatura.
Es decir, no comenzar por la pretensión de encabezar un proyecto y después buscar quién se incorpora, sino trabajar en la construcción colectiva que eventualmente permita definir a su representante.
Esta posición coincide con declaraciones anteriores en las que la senadora ha insistido en que la alianza debe construirse antes de elegir a quien la encabece.
Sin embargo, la explicación de Paloma tampoco cierra por completo la controversia. Una cosa es que cada aspirante tenga la responsabilidad de buscar acompañamiento y otra que la dirigencia institucional deba garantizar igualdad de condiciones.
Precisamente este lunes, Miguel Ángel López Miranda, dirigente de la CNC en Sinaloa, llamó a los sectores priistas a facilitar la participación de todos los interesados, sin manifestar preferencias.
Es una postura que confirma que la discusión sobre el piso parejo no se limita a percepciones externas.
El intercambio resulta particularmente interesante porque Mario Zamora también ha expresado disposición a respaldar a otro perfil si así se define mediante los acuerdos correspondientes.
Por lo tanto, al menos en sus declaraciones públicas, ambos coinciden en la necesidad de construir una alternativa opositora, aunque difieren en la manera de interpretar los respaldos y el protagonismo de sus respectivos proyectos.
Y aquí está el verdadero punto de conversación. La senadora defiende que el respaldo se construye acercándose al partido; la interrogante que permanece es si el partido, como institución, debe esperar a que sus aspirantes lo busquen o tiene la obligación de ofrecerles por iniciativa propia las mismas oportunidades.
Porque en política es válido buscar quién acompañe un proyecto, pero también es indispensable que las reglas sean conocidas y respetadas por todos.
Paloma Sánchez ha dado su explicación y Mario Zamora mantiene sus aspiraciones. Ahora corresponde a la dirigencia estatal demostrar, mediante sus decisiones y no solamente sus publicaciones, que las diferencias de protagonismo no se conviertan en diferencias de trato.
Al final, el PRI enfrenta una discusión que podría definir su organización rumbo a 2027: primero construir los acuerdos y después resolver las candidaturas, sin perder de vista que la unidad no significa ausencia de competencia interna, sino capacidad para conducirla con reglas claras.
CUENTAS CLARAS
El diputado federal Ricardo Madrid Pérez ha colocado sobre la mesa una discusión que merece atención en vísperas del proceso electoral de 2027: la necesidad de revisar las presuntas irregularidades administrativas del Instituto Nacional Electoral sin convertir las investigaciones en una confrontación política.
Su planteamiento parte de una premisa importante: identificar responsabilidades resulta indispensable, pero también lo es corregir las fallas institucionales que pudieron permitir su repetición durante distintos años.
La postura del legislador sinaloense, integrante del Partido Verde, adquiere relevancia porque propone examinar los mecanismos de contratación, la participación recurrente de proveedores y los procedimientos de fiscalización.
Son asuntos que deben investigarse con rigor, sin anticipar culpabilidades y garantizando que cualquier señalamiento esté respaldado por pruebas. La autonomía del INE no significa ausencia de rendición de cuentas, así como la fiscalización tampoco debe convertirse en un instrumento de presión política.
Hay un elemento adicional: México se aproxima a una elección federal en la que la confianza ciudadana será fundamental. Por ello, las investigaciones deben producir resultados verificables, corregir deficiencias y fortalecer los controles internos, sin comprometer la independencia de la autoridad electoral.
Porque las instituciones democráticas no se fortalecen ocultando sus problemas ni utilizándolos como armas partidistas.
Se fortalecen cuando existe capacidad para investigarlos, corregirlos y garantizar que no vuelvan a repetirse. Y esa es una discusión que debe estar por encima de cualquier interés electoral.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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