Marco Antonio Lizárraga………….
“Entre dos individuos, la armonía nunca viene dada, sino que debe conquistarse indefinidamente”, Simone de Beauvoir (1908-1986) Novelista e intelectual francesa.
En política hay personajes que construyen su carrera frente a las cámaras y otros que pasan años trabajando detrás de ellas. Marco César Reyes Ortega pertenece, hasta ahora, al segundo grupo.
Su trayectoria no se ha desarrollado principalmente desde los cargos públicos ni desde la exposición mediática, sino desde la organización territorial, las campañas electorales, la articulación de estructuras y el trabajo social.
Sin embargo, algo comienza a cambiar: después de años participando en proyectos de otros, empieza a construir presencia propia en el centro-sur de Sinaloa.
No es todavía un personaje de grandes reflectores ni existe razón para anticiparle una candidatura. Su relevancia está en otra parte.
Reyes ha acumulado experiencia en una región políticamente compleja y territorialmente extensa, particularmente alrededor del sexto distrito federal, cuya cabecera se encuentra en Mazatlán y que comprende también municipios del sur y centro-sur sinaloense.
Ahí convergen realidades económicas y sociales distintas: turismo, agricultura, pesca, ganadería, comunidades rurales y serranas. Construir relaciones políticas en ese territorio requiere algo más que presencia en redes sociales.
Su historia profesional ayuda a entender esa forma de hacer política. Tiene 28 años dentro del sector educativo, principalmente como maestro y asesor técnico pedagógico. Su formación comenzó en la Escuela Normal de Sinaloa y continuó en el área de Ciencias Sociales.
Antes de involucrarse de lleno en procesos electorales ya conocía una estructura que pocas veces recibe suficiente atención política: maestros, escuelas, padres de familia y comunidades. Ese contacto territorial terminaría convirtiéndose también en una herramienta para la organización social.
La evolución posterior resulta más interesante. En 2021 asumió responsabilidades de promoción del voto en el Distrito 18 local y un año después participó en la organización territorial para la Revocación de Mandato.
Su currículum reporta más de 17 mil firmas recabadas en aquella demarcación. Para 2024 ya estaba involucrado directamente en la coordinación de una campaña por una diputación local en el Distrito 19.
Es decir, fue pasando de la movilización territorial a responsabilidades donde la estrategia, la integración de equipos y la capacidad para convertir organización en votos comenzaron a tener mayor peso.
Pero quizá uno de los episodios que mejor explica su perfil ocurrió durante la elección judicial de 2025. Reyes Ortega coordinó la estructura política y social de la campaña del hoy magistrado Jorge Medina.
De acuerdo con integrantes de aquel proyecto, tuvieron que remar contra corriente porque Medina no habría formado parte de los nombres impulsados mediante los llamados “acordeones” que adquirieron notoriedad durante aquel proceso.
Esa circunstancia debe entenderse como la versión de quienes participaron en aquella campaña, pero el resultado sí dejó una enseñanza política para el equipo: una estructura organizada también puede competir frente a condiciones que inicialmente parecen desfavorables.
La operación consistió en articular estructura social, relaciones construidas dentro del ámbito judicial y trabajo territorial bajo una coordinación común.
El triunfo de Medina terminó fortaleciendo una característica que ya acompañaba a Reyes: trabajar sin necesariamente convertirse en el protagonista de aquello que estaba construyendo.
Para alguien formado en la operación política, ganar una elección complicada representa algo más importante que aparecer en una fotografía: permite ampliar relaciones, generar confianza entre grupos y acreditar capacidad para coordinar equipos con intereses diferentes.
Ese recorrido comenzó a tomar otra dimensión durante 2026. Reyes ha incrementado su presencia en espacios de organización social y ha buscado reunir sectores que normalmente mantienen agendas independientes.
En Mazatlán impulsó un encuentro en el que participaron representantes de pueblos originarios, mujeres emprendedoras, ganaderos, maestros y otros grupos sociales. No parece casual que después de varios procesos electorales su siguiente movimiento sea precisamente hacia la articulación social.
Ahí podría encontrarse el cambio más importante de su trayectoria. Durante años fue un operador político. Hoy comienza a comportarse como alguien interesado en transformar esa experiencia acumulada en capital político propio.
No necesariamente significa abandonar la operación; probablemente significa utilizarla de otra manera. Quien conoce estructuras sabe dónde están, cómo funcionan, quiénes las integran y, sobre todo, cuáles sobreviven después de una elección.
Tampoco conviene sobredimensionarlo. Una cosa es coordinar campañas exitosas y otra muy distinta construir una candidatura propia, competir internamente, enfrentar escrutinio público y posteriormente ejercer una responsabilidad de gobierno o representación popular.
La política está llena de buenos operadores que nunca consiguieron trasladar su capacidad organizativa hacia una posición propia. Reyes tendrá que demostrar si puede cruzar esa frontera.
Pero tampoco sería prudente ignorarlo. En una región donde comienzan a moverse nombres rumbo a 2027, Marco César Reyes reúne características diferentes a las de quienes han construido su presencia principalmente desde cargos públicos.
Conoce territorio, ha trabajado campañas, mantiene vínculos sociales y ha comenzado a salir de la discreción que caracteriza al operador tradicional.
Su eventual destino político todavía está abierto. Puede aparecer en una competencia federal, incorporarse a otro proyecto regional o convertirse nuevamente en pieza importante para construir una candidatura distinta.
Precisamente por eso puede resultar incómodo intentar encasillarlo demasiado pronto.
Marco César Reyes pasó buena parte de su trayectoria ayudando a otros a ganar.
Ahora comienza una etapa diferente: saber si toda aquella estructura, experiencia y relaciones construidas durante años pueden convertir al operador en actor político.
Porque en el centro-sur de Sinaloa hay muchos nombres visibles.
Pero las sorpresas políticas, casi siempre, comienzan con aquellos que aprendieron primero a mover las piezas antes de intentar convertirse en una de ellas.
Échense ese trompo a la uña.
DE RECIO
Lo ocurrido este martes en el Senado de la República ya no puede leerse únicamente como otro episodio del enfrentamiento político entre Paloma Sánchez y Enrique Inzunza.
La conferencia de prensa encabezada por la senadora sinaloense, acompañada por ciudadanos y organizaciones que llevaron más de 23 mil firmas para exigir que Inzunza deje su escaño, elevó nuevamente un conflicto que comenzó en Sinaloa y que poco a poco se ha instalado en la agenda nacional.
Hay que separar, sin embargo, política de justicia. Enrique Inzunza enfrenta acusaciones formuladas por autoridades estadounidenses y una investigación en México, pero eso no equivale a una sentencia.
El senador ha rechazado los señalamientos, sostiene que es inocente y ha decidido permanecer en su escaño. Desde su regreso al Senado, además, continúa como legislador sin formar parte de la bancada de Morena.
Precisamente por eso el movimiento encabezado por Paloma Sánchez tiene una lectura esencialmente política. La oposición no puede determinar la responsabilidad penal de Inzunza y tampoco una recolección de firmas sustituye los procedimientos constitucionales correspondientes.
Lo que sí puede hacer es mantener abierto el costo político de su permanencia en el Senado. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo.
Las más de 23 mil firmas aportan un elemento que Paloma necesitaba para modificar la narrativa. Hasta ahora había sido principalmente ella quien confrontaba a Inzunza: primero desde la tribuna, después llevando a su escaño expedientes y publicaciones relacionadas con homicidios, desapariciones y hechos violentos registrados en Sinaloa.
Ahora el mensaje llegó acompañado de ciudadanos y organizaciones que respaldan una petición concreta.
Pero ocurrió algo adicional que terminó proporcionando mayor visibilidad al acto. Los integrantes de la comitiva denunciaron que inicialmente se les impidió ingresar al Senado.
Según Vania Pérez Morales y Paloma Sánchez, personal de Resguardo Parlamentario les comunicó que existían instrucciones de la Mesa Directiva para restringirles el acceso. Después de la intervención de legisladoras de oposición, finalmente pudieron entrar y ofrecer la conferencia de prensa. La existencia y alcance de esa supuesta instrucción fueron denunciados por los participantes; no debe presentarse automáticamente como una decisión comprobada de censura o protección.
Políticamente, sin embargo, el episodio produjo exactamente la imagen que la oposición necesitaba: ciudadanos afuera intentando ingresar al Senado mientras adentro permanecía el legislador cuya separación estaban solicitando.
Independientemente de las razones administrativas o de seguridad que hayan existido, esa fotografía fortaleció el discurso de quienes sostienen que Inzunza está siendo protegido políticamente.
Para Paloma Sánchez existe también una consecuencia evidente. La senadora está convirtiendo el caso Inzunza en uno de los principales ejes de su actuación legislativa.
Ya no se trata de una declaración aislada ni de una confrontación circunstancial. Hay continuidad, construcción narrativa y una estrategia para mantener el asunto presente.
Eso puede darle visibilidad nacional, pero también implica un riesgo: mientras más personalice su agenda alrededor de Inzunza, mayor será la exigencia de acompañar la confrontación con propuestas y resultados sobre los problemas de Sinaloa.
Del otro lado, Inzunza parece haber elegido una estrategia completamente diferente: resistir. Regresó al Senado después de más de cien días de ausencia, se declaró inocente, pidió que las investigaciones concluyan y ha mantenido su decisión de conservar el escaño.
Incluso figuras de Morena habían considerado que debía solicitar licencia para enfrentar las investigaciones, pero él optó por separarse de la bancada y continuar como senador.
Ahí está el verdadero choque. Paloma necesita mantener el asunto en movimiento. Inzunza necesita que el tiempo reduzca su intensidad. Ella confronta. Él permanece.
Y entre ambos existe algo mucho más importante que su disputa personal: instituciones que tienen la obligación de esclarecer los señalamientos y ciudadanos que tienen derecho a conocer qué ocurrió.
Porque finalmente el Senado no puede determinar la culpabilidad de Enrique Inzunza, como tampoco puede hacerlo Paloma Sánchez ni una petición ciudadana. Eso corresponde a las autoridades competentes y al debido proceso.
Pero políticamente la pregunta seguirá presente mientras no exista una definición jurídica clara:
¿cuánto tiempo puede resistir Enrique Inzunza en su escaño mientras sus adversarios consiguen que el costo de permanecer ahí siga creciendo?
Dicen que el hilo se rompe por lo más débil. A ver si esto ocurre aquí.
GESTIÓN
Entre Veredas | Estrella apuesta por resolver antes que confrontar
Por Marco Antonio Lizárraga
Hay momentos en los gobiernos municipales en los que la política no se mide por grandes obras ni por discursos. Se mide por la capacidad para sentarse frente a un problema, reconocerlo y encontrar una ruta para resolverlo. Eso parece estar intentando hacer Estrella Palacios Domínguez en su relación con el STASAM.
El acuerdo para establecer reuniones semanales entre el Ayuntamiento y la dirigencia sindical puede parecer un asunto administrativo, pero tiene una lectura política importante. Hace apenas unos días, las diferencias con trabajadores de Aseo Público llegaron a afectar las rutas nocturnas de recolección de basura. El conflicto pudo escalar y convertirse en otro problema para una administración que precisamente intenta recuperar presencia en servicios públicos. Finalmente hubo diálogo, acuerdos y las rutas volvieron a operar.
Ahora Estrella parece intentar que aquella experiencia no vuelva a repetirse.
La reunión con Laura Elena Tirado Aguilar y la dirigencia del STASAM permitió colocar sobre la mesa problemas que impactan directamente en las condiciones laborales, pero también en la capacidad operativa del Ayuntamiento. Medicamentos y atención médica en el Hospital Municipal, mantenimiento de vehículos, fallas eléctricas en unidades de Aseo Urbano, reparación de los carritos utilizados para el barrido y las condiciones del camino hacia el basurón forman parte de los pendientes.
No son asuntos menores.
Un camión recolector detenido por una falla mecánica termina convirtiéndose en basura acumulada en una colonia. Un trabajador sin herramientas adecuadas disminuye la capacidad de respuesta del municipio. Un camino deteriorado hacia el basurón afecta los tiempos de las rutas. Y las deficiencias en medicamentos o atención médica terminan deteriorando la relación entre Ayuntamiento y trabajadores.
Por eso resulta favorable para Estrella que el conflicto haya pasado de la presión a una mesa permanente de seguimiento.
También fue importante que, después del encuentro con la dirigencia sindical, la alcaldesa bajara a la explanada del Ayuntamiento para hablar directamente con los trabajadores y explicarles los acuerdos alcanzados. Puede parecer un detalle, pero políticamente comunica disposición para enfrentar personalmente los problemas y no dejar toda la interlocución en funcionarios intermedios.
Eso encaja además con la etapa que intenta construir desde su regreso a la Presidencia Municipal. La estrategia de “Mazatlán al 100” pretende colocar los servicios públicos como uno de los ejes de su administración. Para conseguirlo necesita necesariamente a los trabajadores municipales.
Ahí está quizá la parte más relevante.
Estrella puede tener maquinaria, programas, campañas de limpieza y una estrategia de comunicación, pero quienes diariamente recogen basura, barren calles, reparan infraestructura y mantienen funcionando los servicios son los trabajadores. Construir una relación funcional con ellos no es solamente una decisión laboral; es una condición para que su estrategia municipal pueda funcionar.
Tampoco conviene adelantar resultados.
Instalar reuniones semanales no significa que los problemas estén solucionados. El verdadero indicador será comprobar dentro de algunas semanas si existen medicamentos suficientes, si los vehículos fueron reparados, si mejoraron las condiciones del equipo y si el camino hacia el basurón recibió atención.
La diferencia estará entre reunirse cada semana y resolver cada semana.
Pero después de un periodo complicado para el Ayuntamiento, Estrella Palacios parece haber identificado una ruta políticamente más rentable y administrativamente más sensata: menos confrontación y mayor interlocución.
Porque un gobierno municipal difícilmente puede poner a “Mazatlán al 100” si primero no consigue que quienes hacen funcionar diariamente al Ayuntamiento también estén en condiciones de trabajar al cien.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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